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lunes, 7 de junio de 2010

A 18 años de su muerte !!!



A 18 años de su muerte

La voz que nunca va a callar

Uno de los máximos representantes de la música popular argentina partió un 23 de Mayo y esta es una simple forma de recordarlo. Un resumen sobre la vida del mayor exponente folclórico nacional.


Muy lejos de su ciudad natal y con el nombre cambiado, Héctor Roberto Chavero terminaba con su humilde vida un 23 de Mayo de 1992. Su voz cargada de aliento y peregrinaciones, represento al país por todo el mundo sin querer hacerlo. Una frase que leyó de un libro de Federico Nietzsche y que siempre la mencionó, es que: “los acontecimientos más grandes no son los mas ruidosos, sino nuestras horas mas silenciosas”.
A los trece años arrancó a escribir su primera monografía sobre los Incas. Como era una persona muy tímida e introvertida, la firmó con el nombre de dos grandes caciques, que sin saber su significado, sería “Has de contar, narraras”. Su seudónimo oficial era llamado Atahualpa Yupanqui.
Su padre trabajó en los ferrocarriles, y gracias a sus viajes como acompañante le sirvieron para enriquecerse musicalmente. No solo se destacó con el violín y la guitarra, su gran vocación por la escritura lo hizo trabajar como director de un diario, donde realizo las tareas de redactor y corrector. El artista siempre privilegio el silencio antes que el ruido, y es por eso que llego a Buenos Aires en 1923 y solamente duro cuatro años.
Una vez que decidió abandonar la ciudad se refugio en los paisajes del norte argentino. Sus aventuras por la provincia de Jujuy perdurarían siempre en el espíritu poético de Yupanqui, donde el silencio y la cultura indígena marcaron profundamente sus libros y canciones.
Tras participar de una rebelión frustrada en apoyo al entonces presidente derrocado, Hipólito Yrigoyen, huyó a Uruguay como exiliado en 1932. Dos años más tarde, una vez dictada la amnistía para los radicales que luchaban contra el régimen conservador, regresó a su patria donde se instaló en Rosario. Luego volvería a Uruguay en 1948, y nuevamente perseguido y torturado por la coyuntura política.
Después de la segunda vuelta por el país vecino siguió viaje hasta Francia, lugar donde siempre se encontró con el mismo y fue reconocido como un excelente músico por todas las celebridades.
"Los rencores ensombrecen el alma. Yo prefiero no mirar nunca hacia atrás y seguir trabajando en silencio. Intento no poner sombras en los caminos de los estudiantes de la vida". Con esta frase intenta demostrar que no guardó rencor ante las lesiones sufridas durante los tiempos de Perón y desviar los recuerdos de una etapa muy dolorosa de su vida.
Al regresar de Europa las persecuciones contra el artista continuaban. Al gobierno de facto del 1955 le molestaban mucho los versos de testimonio social, y es por eso que Yupanqui tiene que esconderse en una casa de Cerro colorado, al norte de la provincia de Córdoba.
Dadas las condiciones políticas que imperaban en la Argentina, decidió a partir del 67 afianzarse nuevamente en París. Donde no solamente hizo muy buena relación con Daniel Viglietti (músico uruguayo exiliado), sino que también se hizo amigo de Pablo Neruda y musicalizo el poema de Julio Cortazar “El árbol, el río, el hombre”.
Es lamentable decirlo, pero como tantos compatriotas suyos, Atahualpa Yupanqui fue más reconocido en el extranjero que en su propio país. Son muy pocos los argentinos que saben que sus trabajos forman parte de los libros de texto en las escuelas francesas. Que en 1985 fue premiado en Alemania Federal como el autor del mejor disco grabado por un extranjero. “Por algo en Argentina a mi me dijeron que soy un cantor de cosas olvidadas. No es lo importante que se sepa de mi, lo fundamental es continuar con el aporte a la cultura nativa desde el punto de vista tradicionalista, criollista y folclórico”, frase que tiro alguna vez el músico.
Su arte fue llevado a los lugares más recónditos del planeta, desde tocar una chacarera en Japón, a cantar una vidala para el pueblo israelí. Su infinita humildad le hizo rechazar la invitación para tocar en 1988 en el homenaje que, por sus 80 años, se le tributó en el Teatro Colón: 'No puedo tocar en el mismo lugar donde tocó Andrés Segovia, y menos con mis manos así afectadas por la artrosis".
Una noche en Nimes, a 800 Km. de Paris, había sido programada una presentación de Yupanqui junto al bandoneonísta Rubén Juárez. Durante la fiesta el músico sale caminando con su bastón a “respirar aire puro” y va hasta el hotel. Allí, en su habitación, se quedó dormido para siempre.
"Cuando muere un poeta, no deberían enterrarlo bajo una cruz, sino que deberían plantar un árbol encima de sus restos. Así lo pienso yo, por cuanto, con el tiempo, ese árbol tendrá ramas y un nido donde nacerán pájaros. De ese modo, el silencio del poeta,se volverá golondrina", deseo del maestro

1 comentario:

  1. ¿QUE ES UN AMIGO PA USTÉ?

    le preguntaron a Don Atahualpa Yupanqui...

    "¿Un amigo…?" y lo pensó, y fumó… dos pitaditas… y dijo: "Un amigo… es uno mismo, con otro cuero".

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